Comprobar base, producto y formato
Supuesto didáctico. Un martes a primera hora, en el taller de tintado de la tienda del centro, se abre un encargo de color: un cliente particular quiere pintar un armario empotrado y ha pedido un verde que viu en una tienda de la Tienda Este. La persona que prepares tiene delante dos bases, una de 4 L y otra de 15 L, el producto y la fórmula del encargo. En el pasillo hay un bote cuya etiqueta está parcialmente borrada por una gota de diluente y hay un registro del mes pasado con dos preparaciones que ya no se sabe de qué lote salieron.
Todos los datos, cifras y referencias de esta lección son inventados para practicar. No son datos de Pinturas Especializadas ni de su catálogo.
- Hecho verificado: consta en la norma, la ficha técnica o la etiqueta citada.
- Buena práctica: método razonado del sector; no es, por sí solo, una política de Pinturas Especializadas.
- Decisión interna pendiente: autorizaciones, tolerancias y criterios de lote que debe confirmar dirección.
- Supuesto didáctico: las situaciones, cifras y referencias marcadas como ficticias sirven para practicar; no son datos de la empresa.
1 · La comprobación previa: por qué empieza antes de la máquina
La preparación de color no empieza en la máquina: empieza en la comprobación previa. Antes de dosificar, verifica que tienes la base correcta, el producto correcto y el formato correcto.
Un error detectado antes de preparar ahorra tiempo, dinero y problemas. Un error detectado después de preparar es un bote perdido y un cliente enfadado.
La razón es fácil de entender si se piensa en lo que se pierde en cada momento. Un producto equivocado en la estantería no ha costado nada: solo ha costado leer la etiqueta. Una base caducada detectada en la balanza ha costado abrirla y apartarla. Un producto caducado, mezclado y entregado al cliente ha costado el material, el trabajo de preparación, la entrega y la confianza del cliente, y ha dejado un color en la pared de un tercero que no se va a poder quitar. La comprobación previa es, literalmente, la última barrera antes del coste.
Por eso la comprobación previa no es un trámite de inicio de turno: es el paso que decide si se trabaja o no. Y tiene una ventaja que no tiene ningún otro paso de la preparación: todavía no se ha roto nada. Todo lo que se detecta aquí se puede devolver, cambiar o consultar. Por eso este apartado se lee antes que el resto.

| Comprobación | Qué verificar | Cómo |
|---|---|---|
| Base | Tipo, fecha, integridad | Leer etiqueta, verificar caducidad, revisar envase |
| Producto | Referencia, acabado, color | Comparar con fórmula, verificar código |
| Formato | Capacidad, cantidad, etiqueta | Verificar 0.5L/4L/15L, revisar referencia en etiqueta |
¿Qué haces antes de preparar un color?
2 · La comprobación de la base: tipo, fecha e integridad
De la base se comprueba tipo, fecha e integridad, y las tres cosas importan por motivos distintos.
El tipo decide el medio del sistema. Una base acuosa y una base disolvente no se mezclan con la misma manera ni se comportan igual: por eso la etiqueta dice cuál es, y por eso hay que compararlo con lo que la fórmula del encargo espera. Es la primera pregunta y la que más caro sale equivocarse, porque un sistema mal elegido no se arregla mezclando.
La fecha decide si el producto sirve. La caducidad de una base no es un trámite de almacén: una base caducada puede no agarrar bien, y un color preparado sobre una base que no agarra se ve mal en la pared del cliente, que es donde se nota. Y la fecha no se «aproxima»: o se lee o no se ha comprobado.
La integridad decide si el envase sirve. Un envase abierto, agrietado, con la tapa mal cerrada, con costra o con la sustancia alterada es un envase que ya no garantiza nada. La comprobación es de un minuto: se mira, se mueve, se huele si hay duda, y se retira del circuito lo que no está en condiciones.
Y hay una cuarta comprobación que no es de la base pero que se hace en el mismo instante, porque ocurre en el mismo armario: que la base sea la que pide la fórmula. Son dos datos que se leen en la misma etiqueta y que no se pueden comprobar uno detrás del otro.

Se puede preparar con una base caducada si «todavía parece buena».
3 · La comprobación del producto: referencia, acabado y fórmula
Del producto se comprueba referencia, acabado y color, y la comparación de referencia con fórmula es lo que da sentido a la comprobación. No se trata de que el producto «parezca el correcto», sino de que la referencia del envase sea la que la fórmula autoriza para esa base y para ese acabado.
La diferencia entre las dos cosas es la que separa un control de un vistazo. Un producto puede ser de la familia correcta, del color correcto y del acabado correcto, y aun así no ser el que la fórmula autoriza: hay referencias distintas de la misma familia, con formulaciones y acabados distintos. Por eso la referencia se copia de la etiqueta y se compara con la fórmula, y no se reconoce de memoria.
La comprobación del acabado y del color no es menos importante, y por una razón muy concreta: el acabado es parte del encargo. Un cliente que pide un verde satinado y recibe un verde mate no ha recibido un error de la tienda: ha recibido otra cosa. Y como el acabado se ve después de la entrega, es de los errores que no se arreglan con una disculpa.
Durante esta comprobación se anota el lote del envase. Es el dato que después permite preguntar «¿de dónde salió este color?» con una respuesta concreta. Y conviene repetir una idea que aparece en todas las lecciones de color: la comprobación se hace con la etiqueta delante, no con la memoria delante. La memoria del tintador es buena, y aun así se equivoca cuando el catálogo cambia.

Une cada comprobación con qué verificar.
4 · La comprobación del formato: capacidad, cantidad y etiqueta
Del formato se comprueba capacidad, cantidad y etiqueta, y aquí la comprobación tiene un efecto económico directo que conviene entender.
La capacidad es el tamaño del envase: en esta parte del catálogo se trabaja con formatos de 0,5 L, 4 L y 15 L. La cantidad es la que hace falta para el encargo. Y la etiqueta del envase es la que dice qué formato es y con qué referencia, porque dos envases del mismo producto y distinto tamaño no se mezclan en la cabeza: cada formato abierto es un producto distinto.
La comprobación del formato decide tres cosas. Primero, el tamaño del lote que preparas: no es lo mismo preparar 0,5 L que 15 L, y el resultado de una mezcla no mejora por hacer más. Segundo, lo que te queda abierto: si el encargo es de 8 L y el único formato es de 15 L, dejas siete litros de producto mezclado en un envase abierto, y ese producto tiene fecha de caducidad, ocupa sitio y hay que registrarlo. Tercero, la etiqueta, que es lo que permite saber, meses después, qué había en ese envase.
Y hay un caso que se repite en la práctica y que conviene tener decidido de antemano: qué se hace con el sobrante de un formato abierto. Se puede guardar y etiquetar, se puede retirar o se puede entregar al cliente. Cada opción tiene una consecuencia distinta y la elección no es del tintador: la confirma dirección. Lo que sí es del tintador es no decidirlo solo: si hay sobrante, se anota qué sobrante es, cuánto y por qué, y se consulta.
Las cifras de este apartado son de práctica: sirven para entender el mecanismo del formato, no para fijar existencias ni precios.
Un cliente pide 8 L de un producto que solo se ofrece en formatos de 15 L. ¿Cuántos litros de ese formato quedan sin necesidad para el encargo?
5 · Errores antes y durante la preparación
Los errores más frecuentes se dividen en dos grupos, y la división no es académico: es de precio.
Antes de preparar:
- Base incorrecta (agua vs disolvente).
- Producto caducado.
- Envase dañado.
- Referencia incorrecta.
Durante la preparación:
- Fórmula incorrecta.
- Dosificación errática.
- Mezcla incompleta.
Detectar un error antes de preparar es barato. Detectarlo después es caro. Los cuatro errores de «antes» son, por eso mismo, los que se pueden ver con el envase en la mano: son errores de lectura y de cotejo. Los tres de «durante» son errores de ejecución: una dosificación que se desvía, una mezcla que no homogeneiza, una fórmula que no es la del encargo. Y estos últimos ya no se pueden arreglar devolviendo el envase: el bote está mezclado.
La diferencia práctica entre los dos grupos es la siguiente: los de antes se detectan comparando, los de durante se detectan midiendo. Comparar es leer una etiqueta y contrastarla con la fórmula; medir es pesar, dosificar y comprobar el resultado. Por eso la primera tanda de errores se resuelve con una rutina de lectura, y la segunda necesita el equipo y el orden de trabajo.
Y hay un error que no está en ninguna de las dos listas y que es el más común de todos: saltarse una comprobación porque «ya la conozco». El conocimiento del tintador vale, pero vale para lo que no cambia; y en esta parte del catálogo lo que cambia es justo lo que se comprueba: las referencias, los formatos y lo que el cliente pide cada temporada. La regla es simple: la comprobación se hace cada vez, y el que ya la conoce la hace más rápido.

Marca las frases incorrectas.
Marca la línea o las líneas con error y pulsa Comprobar.
6 · Trazabilidad: registrar y etiquetar
Toda preparación debe ser trazable. Si hay un problema, puedes rastrear qué base se usó, qué fórmula, qué fecha.
Registrar:
- Fecha de preparación.
- Referencia del producto.
- Código de fórmula.
- Lote de base.
Etiquetar:
- Nombre del cliente.
- Color y acabado.
- Fecha de entrega.
Sin trazabilidad, no hay garantía de calidad. Y esa frase merece una precisión, porque es donde se suele ir con la fe: la trazabilidad no es un requisito burocrático, es lo que hace que una pregunta tenga respuesta. Cuando un cliente llama seis meses después diciendo «este verde ha quedado raro», la diferencia entre una respuesta y un silencio está en si alguien anotó el lote de la base y el código de fórmula.
Los cuatro datos del registro y los tres de la etiqueta no son tres y tres por simetría: son los que permiten reconstruir qué se preparó, con qué y cuándo. Añadir un dato más no mejora la trazabilidad; lo que la mejora es que el dato esté escrito donde el otro que lo busca lo va a encontrar.
Y hay un detalle de la etiqueta que se subestima: el nombre del cliente no basta. Una etiqueta con «Sr. Pérez» y un color no dice qué estantería ni qué puerta. Lo que hace falta es que la etiqueta distinga lo preparado de lo demás, y eso es una cuestión de criterio al escribirla, no de cantidad de datos.

Clasifica cada acción.
Arrastra cada ficha a su categoría (o tócala y luego toca la categoría). También puedes usar el teclado.
7 · La rutina de las tres comprobaciones, en orden
La comprobación previa es una rutina, y una rutina se ejecuta en orden. El orden no es un capricho: cada paso usa lo que el anterior ha dejado confirmado.
Leer la etiqueta. Primero lo que dice el envase: tipo de base, fecha, referencia, acabado y formato. Es el paso que no cuesta nada y el que más datos da.
Comparar con la fórmula. A continuación, la referencia del producto y el formato, contrastados con lo que la fórmula del encargo autoriza. Aquí es donde se decide si lo que hay en la estantería es lo que se pidió.
Verificar. Después, lo que se comprueba con la vista y con las manos: integridad del envase, estado de la tapa, correspondencia entre la referencia del envase y la de la fórmula, y capacidad frente a la cantidad del encargo.
Parar y preguntar. Y por último, el paso que casi nunca se escribe y que es el que evita el desastre: si algo no cuadra, se para y se pregunta. No se improvisa, no se «me apaño», no se prepara «a ver qué sale».
Cada comprobación es obligatoria. No se puede saltar la de base «porque ya la conozco». No se puede saltar la de producto «porque es el mismo de siempre». No se puede saltar la de formato «porque ya lo he visto». La rutina de comprobación es: leer etiqueta, comparar con fórmula, verificar. Si algo no cuadra, parar y preguntar.
Y hay un matiz que hace el paso cuatro más fácil de cumplir: parar no es fallar. La comprobación previa no se puntúa por número de preparaciones, sino por número de preparaciones correctas. Un lote que se ha parado a tiempo es un lote que no vuelve al cliente.

Ordena los pasos de la comprobación previa.
Coloca los elementos en orden y pulsa Comprobar.
8 · Ejemplo resuelto: el encargo que se para
Ejemplo resuelto, con datos inventados para practicar.
Un martes por la mañana se abre un encargo de color en el taller: un cliente quiere pintar un armario empotrado de un verde que viu en una tienda de la Tienda Este y ha pedido 4 L. La persona que tiene el encargo delante tiene a mano dos bases, una de 4 L y otra de 15 L, el producto de la familia del encargo y la fórmula.
Al leer la etiqueta de la base de 4 L aparece que su caducidad venció el mes pasado, y que el tipo de base que declara no es el que espera la fórmula del encargo. La etiqueta de la base de 15 L está legible, es del tipo correcto y está en plazo. El producto, por su parte, sí lleva la referencia que autoriza la fórmula, aunque su acabado es satinado y el encargo era mate.
La preparación se para. Se anota qué no cuadra —la caducidad de la base de 4 L y la diferencia de acabado con el encargo— y se consulta antes de continuar. No se sustituye una base caducada por otra para salir del paso, porque la mezcla no admite que le «cambies» la base a mitad: la base caducada se aparta y se abre la de 15 L, que sí es correcta. Y la diferencia de acabado se consulta antes de preparar, porque un verde mate y un verde satinado son dos encargos distintos y el cliente tiene que confirmar cuál quiere.
Lo que se entrega al cliente en este momento no es un color: es una respuesta con su motivo. «Paro la preparación porque esta base está caducada y el acabado que hemos comparado con su encargo no coincide; en cuanto me confirme cuál quiere, lo preparo y se lo entrego con su etiqueta». Y lo que se anota es lo pendiente: la confirmación del acabado.
Ejemplo resuelto: el encargo que se para, paso a paso
Paso 1
Se lee la etiqueta de las dos bases: una de 4 L está caducada y no es del tipo que espera la fórmula; la de 15 L está en plazo y sí lo es.Paso 2
Se lee la etiqueta del producto: la referencia es la que autoriza la fórmula, pero el acabado declarado es satinado y el encargo pide mate.Paso 3
Se decide no preparar y se anota qué no cuadra: la caducidad de la base de 4 L y la diferencia de acabado.Paso 4
Se aparta la base caducada sin abrirla y se abre la de 15 L, que es la correcta: la caducidad no se compensa mezclando.Paso 5
Se consulta al cliente el acabado antes de continuar, porque mate y satinado son dos encargos distintos.Paso 6
Se anota el pendiente con su motivo y con quién se espera la respuesta, y se entrega al cliente una respuesta con su motivo, sin fecha prometida.
Paso 1 de 6
En el caso anterior, la base de 4 L está caducada y el acabado del producto no coincide con el encargo. ¿Qué es lo correcto?
9 · Ejemplo resuelto: el encargo que pasa las tres comprobaciones
Ejemplo resuelto, con datos inventados para practicar.
El mismo taller, dos días después. Llega un encargo: 2 L de un color para una puerta de un cliente particular, con la fórmula y la referencia del producto. En la estantería hay una base del tipo que espera la fórmula, en plazo y con el envase íntegro; el producto lleva la referencia que autoriza la fórmula y el acabado del encargo; y el formato disponible es el de 4 L, que es el único.
Esta vez las tres comprobaciones se pasan, y el trabajo no consiste en comprobarlas sino en dejarlo escrito. Se anota la fecha de preparación, la referencia del producto, el código de fórmula y el lote de la base. Se prepara el lote que pide el encargo. Y se etiqueta lo preparado con el cliente, el color y el acabado, y con la fecha de entrega, que no es la fecha de preparación sino la fecha en que el cliente recoge el bote.
Y aquí aparece la cuestión del formato que se decide antes y se resuelve después: el lote preparado son 2 L dentro de un envase de 4 L, así que quedan 2 L de producto mezclado en un envase abierto. Lo que se hace con ese sobrante no lo decide quien prepara: lo anota —cuánto es y por qué— y lo consulta. Anotar el sobrante no es burocracia: es la forma de que dentro de tres meses nadie se pregunte qué es ese bote de la estantería.
El resultado de este caso es invisible, que es la mejor señal de que el método funciona: no hay nada que contar, salvo que seis meses más tarde un cliente llame con una duda y el registro permita responder.
Ejemplo resuelto: el encargo que pasa las tres comprobaciones
Paso 1
Se lee la etiqueta de la base: el tipo coincide con el que espera la fórmula, la fecha está en plazo y el envase está íntegro.Paso 2
Se compara la referencia del producto con la fórmula y se comprueba el acabado: coinciden los dos.Paso 3
Se verifica el formato: 2 L de encargo en un envase de 4 L, con la etiqueta legible y la referencia correcta.Paso 4
Se anota la fecha de preparación, la referencia del producto, el código de fórmula y el lote de la base.Paso 5
Se prepara el lote del encargo y se etiqueta con cliente, color y acabado, y con la fecha de entrega, que no es la de preparación.Paso 6
Se anota el sobrante de 2 L del formato abierto y se consulta qué se hace con él: esa decisión no es de quien prepara.
Paso 1 de 6
Las tres comprobaciones son: , producto y . Antes de preparar, . Si algo no cuadra, .
10 · Lo que la tintadora no decide
Hay decisiones que aparecen alrededor de la preparación y que no son de quien prepara. Confundirlas es el error que más problemas crea, porque quien prepara actúa con la sensación de estar decidiendo y en realidad se está improvisando.
- Qué referencias están autorizadas para qué base y para qué acabado, y qué fórmula las avala. Eso no se deduce de lo que hay en la estantería: es un listado que confirma dirección.
- Qué desviación se admite entre lo que pide la fórmula y lo que dice la etiqueta del envase. Puede existir un margen, y ese margen tiene que estar escrito y tener un responsable.
- Qué formato corresponde a cada tipo de preparación. El criterio de tamaño de lote no sale de la práctica personal: sale de un criterio confirmado.
- Qué se hace con el sobrante de un formato abierto. Guardarlo y etiquetarlo, retirarlo o entregarlo son tres decisiones con consecuencias distintas.
- Qué vida útil se reconoce a un producto ya preparado, y cómo se le comunica al cliente.
- Quién revisa una preparación que no supera las comprobaciones, y con qué se le escribe.
La diferencia entre estas seis decisiones y las tres comprobaciones es de fondo. Las comprobaciones son técnicas: cualquiera que haya leído una etiqueta y una ficha las puede hacer bien. Las seis decisiones son de criterio y de autorización: dependen de lo que la empresa haya decidido, y por eso se consultan y no se improvisan.
Y hay una forma práctica de no confundir unas con otras: si la respuesta a lo que te estás preguntando cambia según quién esté de turno, no es una decisión tuya. Es una decisión pendiente de confirmar, y se escribe como tal.
Esta lección, por tanto, enseña un método de comprobación, no un procedimiento interno. Los umbrales, las autorizaciones y los criterios de lote son de dirección, y esta lección los deja explícitamente como pendientes.

Si en la estantería solo hay un formato de 15 L y el encargo es de 2 L, quien prepara puede decidir por su cuenta que se abre el de 15 L, se prepara lo pedido y se guarda el sobrante, porque es una decisión menor que no necesita consultar.
Herramienta de trabajo: registro de comprobación previa
Se rellena en el momento de la comprobación, antes de abrir ningún envase. La columna de ejemplo es ficticia y sirve para ver el nivel de detalle; no son datos de Pinturas Especializadas. Lo que no cuadra se escribe con su motivo y con quién se ha consultado, y no se rellena con suposiciones.
| Campo | Qué se escribe | Ejemplo ficticio | Límite |
|---|---|---|---|
| Encargo | Cliente, color, acabado y cantidad | Cliente particular, verde mate, 2 L | Lo que pide el cliente, no lo que se le atribuye |
| Base | Tipo, fecha de caducidad, estado del envase y lote | Tipo correcto, en plazo, envase íntegro, lote L-2217 | Se copia de la etiqueta |
| Producto | Referencia y acabado comparados con la fórmula | Referencia autorizada, acabado mate | Contra la fórmula, no contra la memoria |
| Formato | Capacidad del envase, cantidad del encargo y sobrante | Envase de 4 L para 2 L de encargo, 2 L de sobrante | El sobrante se anota, no se decide |
| Qué no cuadra | El dato que falla, con su motivo | Caducidad de la base de 4 L | Con su motivo y con quién se consulta |
| Qué se ha consultado | A quién, cuándo y con qué respuesta | Consulta a dirección técnica, pendiente de respuesta | Lo confirma dirección |
| Preparación | Fecha, referencia, código de fórmula y lote de base | Preparado el 14 de octubre, con la fórmula del encargo | Sin esto no hay trazabilidad |
| Entrega | Cliente, color, acabado y fecha de entrega | Cliente, verde mate, entrega el 16 de octubre | La fecha de entrega no es la de preparación |
Repaso activo
Memoria: las tres comprobaciones
Empareja cada comprobación con lo que se verifica.
Tarjetas de la comprobación previa
Toca una tarjeta para ver la respuesta.
Chequeo: una comprobación previa que se sostiene
Aquí se mira lo que ya fuiste acertando. Pulsa «Comprobar» para saber si puedes seguir.
Para dominar este tema
Comprobar base, producto y formato es, en el fondo, una sola idea: la última barrera antes del coste. Un producto equivocado en la estantería no ha costado nada; una base caducada mezclada y entregada ha costado el material, el trabajo, la entrega y la confianza del cliente, y ha dejado un color en la pared de un tercero. Por eso la comprobación previa no es un trámite de inicio de turno, sino el paso que decide si se trabaja o no.
Las tres comprobaciones tienen su contenido. La base: tipo —agua o disolvente—, fecha de caducidad e integridad del envase, y la correspondencia con lo que la fórmula espera. El producto: referencia y acabado comparados con la fórmula, porque puede haber varias referencias de la misma familia y lo que vale es la que está autorizada, no la que se recuerda; y el lote, que es lo que después permite responder a «¿de dónde salió este color?». El formato: capacidad —0,5 L, 4 L o 15 L—, cantidad del encargo y etiqueta, porque el formato decide el tamaño del lote, lo que queda abierto y lo que se responde.
La rutina tiene un orden que importa: leer la etiqueta, comparar con la fórmula, verificar y, si algo no cuadra, parar y preguntar. Ninguna comprobación se salta porque «ya la conoce»: justamente lo que se comprueba es lo que cambia. Y lo que no cuadra se anota con su motivo y con quién se ha consultado.
Después de preparar, la trazabilidad: se registra la fecha de preparación, la referencia del producto, el código de fórmula y el lote de la base, y se etiqueta lo preparado con cliente, color, acabado y fecha de entrega. Sin trazabilidad no hay garantía de calidad, porque no hay forma de preguntar nada. Y hay seis decisiones que no son de quien prepara —qué referencias están autorizadas, qué desviación se admite, qué formato corresponde a cada preparación, qué se hace con el sobrante, qué vida útil tiene lo preparado y quién revisa lo que no supera las comprobaciones—: se consultan y se registran, no se improvisan.
Esta evaluación acredita el conocimiento del método de comprobación. No sustituye a la revisión del trabajo real hecho en el puesto por alguien con experiencia, que es donde se ve el criterio y donde se aprende a distinguir una comprobación de verdad de un producto simplemente usado.
- Fichas técnicas de los fabricantes del catálogo de Pinturas Especializadas (AMPP, Jotun, AkzoNobel/Sikkens, PPG y Sherwin-Williams): fuente operativa para tipo de base, vida útil, formato, rendimiento y condiciones de preparación; la ficha vigente prevalece sobre cualquier resumen interno (consulta 2026-10).
- Reglamento (UE) n.º 1907/2006 (REACH) y Reglamento (CE) n.º 1272/2008 (CLP): la etiqueta y la ficha de datos de seguridad son la fuente primaria de identificación del producto y de sus peligros (DOUE, consulta 2026-10).
- UNE-EN 13300, pinturas y barnices para paredes y techos interiores: definición de las prestaciones declaradas y de la clasificación por acabado (AENOR/UNE, consulta 2026-10).
- Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST): orientación sobre la exposición a disolventes y sobre la ventilación en los lugares de trabajo (consulta 2026-10); esta lección no reproduce medidas de seguridad, que son las de la ficha y del documento de seguridad de cada producto.
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