Convertir una solicitud en requisitos completos
Supuesto didáctico. Un sábado por la mañana, en el mostrador de la tienda del centro, una clienta de Cortijo de la Cabeza se apoya en el mostrador con el móvil en la mano y dice: «Quiero pintar el salón». Dice que el salón tiene «unos veinte metros», que la pintura es «blanca», que lo pinta «mi marido cuando puede», que es «para una niña pequeña» y que lo quiere «listo antes de que empiecen las vacaciones». En diez minutos ha dicho cinco cosas y no ha dicho ninguna de las que hacen falta para pintar. El dato que más preocupa es el de los veinte metros: el salón mide 20 m² de suelo, pero el paramento que hay que pintar es mucho más. Y hay dos cosas más que nadie ha dicho: si el gotelé viejo se tapa o se deja, y quién responde si el acabado terminado no es el que se esperaba. Esta lección construye el método para pasar de las cinco frases al conjunto de requisitos que sí permiten trabajar: separar la consulta del pedido, reconocer el requisito que falta frente al que se supone, marcar de dónde sale cada dato y cerrar el resultado por escrito. Todos los nombres, referencias, fechas y cifras que aparecen son ficticios y sirven para practicar: no son datos de Pinturas Especializadas.
- Hecho verificado: consta en la ficha técnica o en la norma citada; aquí son las fichas de producto y las normas de consumo.
- Buena práctica: método de recogida de requisitos y de cálculo de consumo que se trabaja en el sector; no es, por sí solo, un procedimiento de Pinturas Especializadas.
- Decisión interna pendiente: la merma, los formatos, los plazos, la garantía y el circuito de validación; los confirma dirección.
- Supuesto didáctico: los clientes, las referencias, las fechas y las cifras marcados como ficticios sirven para practicar; no son datos reales ni compromisos de la empresa.
1 · La frase que no es un requisito
«Quiero pintar el salón» no es un encargo: es una frase que contiene seis huecos y ningún dato. Es el punto de partida más frecuente del mostrador y también el más traicionero, porque parece que ya está todo dicho. Un requisito es un dato que permite hacer una parte del trabajo sin improvisar. «Pintar el salón» no lo es: no dice sobre qué superficie, ni con qué acabado, ni cuántos metros, ni para cuándo, ni quién lo hace. Cada hueco es un requisito, y cada hueco se puede cerrar de tres maneras: preguntando al cliente, consultando una ficha o dejando escrito que no se sabe. Los seis bloques de esta lección se recorren siempre en el mismo orden, porque cada uno se apoya en el anterior: - Soporte y su estado. Qué superficie se va a pintar y en qué condición está. - Acabado del paramento. Cómo tiene que quedar la pared cuando la obra esté terminada. - Cantidad y rendimiento. Cuánta pintura hace falta y de dónde sale ese número. - Plazos. Cuándo empieza la obra, cuánto dura y cuándo se vuelve a usar el espacio. - Ambiente. Para qué se usa el espacio y en qué condiciones se trabaja. - Quién ejecuta. Quién pinta, con qué material y quién responde del resultado. Y antes de nada, un cuidado de método: una solicitud tiene dos momentos. En la consulta, el cliente está explorando y lo que quiere es asesoramiento; en el pedido, ya ha decidido y lo que falta es cerrar los datos. Preguntar por los requisitos durante la consulta es hacer el trabajo; saltar al pedido es empujar al cliente. Y al revés: empezar a cerrar el pedido mientras el cliente todavía compara es la forma más rápida de perderlo. La idea que organiza toda la lección es esta: un requisito que falta se pregunta; un requisito que se supone se escribe como supuesto. En el primer caso haces una pregunta. En el segundo has tomado una decisión en nombre del cliente sin avisarle, y esa decisión se paga en obra.

Una clienta dice: «Quiero pintar el salón». ¿Cuál de estas frases sí es un requisito?
2 · El que falta y el que se supone
Hay dos formas de que un requisito no esté escrito, y se parecen hasta que cobran la factura. El requisito que falta es un hueco que ves. No sabes si el gotelé viejo se tapa, lo ves. No sabes si el baño tiene ventilación, lo ves. Preguntas —o decides a quién preguntar— y el hueco se cierra con una respuesta. Es molesto, pero es visible. El requisito que se supone es un hueco que has rellenado tú sin darte cuenta. «Un salón se pinta de blanco», «un baño necesita pintura especial», «en 20 m² caben 5 litros», «el marido lo pinta en las vacaciones». Cada suposición es razonable. Y por eso son las más peligrosas: nadie las revisa. La diferencia no está en si la suposición acierta, sino en que es tuya y no del cliente. Un supuesto razonable que resulta falso cuesta exactamente lo mismo que un supuesto absurdo, porque en la obra nadie sabe que era una decisión provisional. De aquí sale la regla: todo lo que no conste, se escribe como pendiente y se pregunta; nada se rellena en silencio. Un supuesto se escribe con su motivo («supuesto: paramento de yeso sin gotelé») y se confirma. Un pendiente se escribe con su destinatario («¿el aplicador lo comprueba en la visita?»). Los dos son honestos; lo que no lo es es el silencio. Y hay un caso límite que conviene reconocer: la suposición que hay que hacer. A veces hay que decidir algo para poder avanzar —el formato del envase, una merma— y esperar la respuesta dejaría al cliente parado. Ahí la suposición está permitida, pero con dos condiciones: se declara al cliente («le calculo con un 10 % de merma, que se lo confirmo») y se anota como supuesto. Lo que no se puede es decidir y no decirlo.

Un requisito que se puede deducir con facilidad no hace falta preguntar: se rellena con lo más razonable y ya está.
3 · De dónde sale cada dato
Cada dato que entra en un registro tiene un origen, y el origen se escribe. Hay cuatro, y ninguno es igual que los otros tres: - D · Dicho. Lo que ha dicho el cliente, con sus palabras. Se escribe entrecomillado y se le devuelve para que lo confirme. «El salón es para una niña pequeña». - F · De ficha. Lo que consta en la documentación del producto: rendimiento, número de manos, tiempo de secado, condiciones de aplicación. Es el dato que se puede citar, y es el que manda cuando el cliente y tú discrepáis: el rendimiento no es una opinión de la tienda. - S · Supuesto. Lo que has rellenado tú. Se escribe como supuesto, con el motivo, y se confirma. - P · Pendiente. Lo que no consta y hay que conseguir. Se escribe con quién lo consigue y para cuándo. La regla de trabajo es que un requisito solo se cierra con D o con F. Un S y un P son requisitos abiertos: se puede trabajar con ellos, pero no se pueden dar por buenos. Y hay un subconjunto peligroso, el supuesto silencioso: el que no se escribe porque «no hace falta». Es el que más caro sale, porque ni siquiera existe en el registro. Nadie lo puede revisar y nadie lo puede defender. La auditoría de un expediente empieza siempre por la misma pregunta: ¿qué datos de este expediente no escribió nadie? Un detalle que parece menor y no lo es: el dato dicho por el cliente y el dato deducido de él nunca se mezclan. «Quiero pintar el salón» es dicho; «el salón tiene 42 m² de paramento» es deducido, y por eso va con S hasta que el cliente lo confirme.

Une cada marca con lo que significa.
4 · El soporte y su estado
El soporte es la superficie que se va a pintar y el estado es lo que esa superficie tiene encima. Son dos preguntas distintas y conviene no mezclarlas: qué hay y cómo está. Qué hay. Paramento de yeso o placa de yeso, hormigón, mortero de cemento, madera, metal, o un paramento mixto. La respuesta orienta al producto y a la preparación, y explica por qué «pintura para interior» no dice nada: casi todo lo que hay detrás de una pared de una casa es interior. Cómo está. Obra nueva sin pintar, repintado sobre pintura anterior, gotelé, alisado, paramento con humedad, con manchas, con fisuras, con moho. Aquí es donde se decide si el trabajo es un repintado o si incluye algo más, y esa decisión cambia la superficie, la cantidad y el plazo. La regla es que el estado no se deduce de que se pinte de blanco. Se deduce de preguntas concretas. Y hay una comprobación que no se salta: cuando el paramento ya está pintado, la pintura anterior tiene que ofrecer adherencia suficiente. Si no la ofrece, el trabajo no es «pintar encima»: es un problema de preparación que hay que tratar antes de gastar pintura. Cómo se comprueba y qué criterio se acepta es una decisión técnica pendiente de confirmar. Y hay una tendencia que conviene vigilar: quedarse en «una pared es una pared». Un gotelé que se quiere tapar, una pared nueva que se quiere alisar y un paramento con humedad no son el mismo trabajo, aunque los tres acaben pintados de blanco. La lección «Evaluar el estado antes de pintar» (C04) desarrolla la exploración del soporte con más detalle. Aquí basta con el método: preguntar qué hay, preguntar cómo está y anotar el estado como un dato, no como una impresión.

Preguntar por el soporte en cuatro preguntas
- «¿Es una pared de yeso, hormigón, madera o metal?» Si el cliente no lo sabe, se anota como P y lo comprueba quien vaya a la obra.
El cliente dice: «Es una pared de yeso con gotelé». ¿Qué requisito sigue sin cerrar?
5 · El acabado del paramento
Hay dos acabados y se confunden todos los días, en el mostrador y en la propia conversación. El acabado del producto es el brillo de la pintura: mate, satinado o brillo. Es una característica del bote, sale de la ficha técnica y se elige como se elige un color. El acabado del paramento es cómo tiene que quedar la pared cuando la obra esté terminada: con la textura que ya tenía, lisa, rayada, con la textura de siempre. No sale de la ficha: sale del cliente, y es la parte que más se da por hecha. Por qué importa tanto: el acabado del paramento decide si hay que alisar. Un cliente que dice «quiero que no se note el gotelé» está pidiendo otra cosa que un repintado: hay que tratar la superficie antes de pintar, y eso cambia el soporte, la cantidad de producto, los plazos y, por supuesto, el presupuesto. Preguntar por el acabado no es una formalidad: es la pregunta que más caro sale si no se hace. Y hay un matiz que conviene tener en la cabeza: acabado no es sinónimo de liso. Hay quien quiere una pared lisa sin relieve, quien quiere conservar la textura y quien solo quiere que no se vea el gotelé viejo, sino el que hay ahora. Lo que no vale es quedarse con la palabra «liso» y suponer el resto. La pregunta que resuelve el asunto es una sola: «¿Cómo quiere que quede la pared terminada?» Y la respuesta se anota con las palabras del cliente, no con la traducción del vendedor.

Clasifica cada frase según el acabado del que habla.
Acabado del producto
Acabado del paramento
6 · La cantidad y el rendimiento
Este es el bloque que más se salta y el que más caro sale cuando se salta, porque el error aparece a mitad de obra, cuando el material ya está comprado. La fórmula es corta y conviene repetirla siempre en el mismo orden: Superficie × número de manos ÷ rendimiento de la ficha + merma. Cada parte tiene su origen, y por eso ninguna se improvisa. La superficie es el paramento que se va a pintar, medido en metros cuadrados: perímetro por altura, menos puertas y ventanas. Aquí está la trampa más común, y es la del salón de la situación: 20 m² de suelo no son 20 m² de paramento. Una habitación de 4 × 5 metros tiene 20 m² de suelo y 45 m² de paramento antes de descontar los huecos. Si el cliente dice «veinte metros», la primera pregunta es de qué metros habla. El número de manos sale de la ficha del producto. Una obra nueva y un paramento que hay que alisar no se tratan igual, y una mano de más o de menos cambia el cálculo entero. El rendimiento es el dato de la ficha del producto: metros cuadrados por litro y mano. No es una medida de la tienda, no se usa de memoria y no vale igual para todos los productos ni para todas las aplicaciones. Si dos personas de la tienda obtienen cifras distintas con la misma ficha, el problema está en la superficie o en las manos, no en la ficha. La merma es la única parte que no sale de una ficha: es una decisión. Cubre pérdidas, repasos y las irregularidades de la superficie. Qué merma aplica la empresa es una decisión interna pendiente de confirmar; lo que no es admisible es calcular sin ella, descubrirlo en obra y que la explicación sea «no pensé en ello». Y el último paso, que también se salta: traducir los litros a los formatos que hay. Si el cálculo da 5,5 L y los formatos son de 1 L, 4 L y 20 L, no se entrega 5,5 L: se entrega un bote de 4 L y dos de 1 L, o lo que la tienda pueda servir. La cifra que va al presupuesto es la de los botes, no la de los litros. Para que se vea la diferencia con un ejemplo limpio: si los 20 m² fueran de paramento y no de suelo, la cuenta sería (20 × 2) ÷ 8 = 5 L, y con un 10 % de merma, 5,5 L: un bote de 4 L y dos de 1 L. Es la cifra que se venía usando como ejemplo; lo que cambia es que ahora se sabe de dónde sale cada número y qué es cada uno.

El salón de la situación, paso a paso
- El cliente dice «unos veinte metros». Se pregunta: «¿de suelo o de pared?». La respuesta es 20 m² de suelo, y a partir de ahí los metros del paramento se miden aparte.
El cliente confirma 20 m² de paramento, dos manos y un rendimiento de 8 m² por litro y mano. ¿Cuántos litros consume la obra, sin contar la merma?
L7 · Los plazos
«Lo quiero para las vacaciones» no es un plazo: es un deseo. Un plazo es un dato con tres partes —cuándo empieza, cuánto dura y cuándo se vuelve a usar el espacio— y las tres se pueden fijar. Hay tres relojes distintos y se confunden: - El reloj del material. Cuándo llega el producto. Ese plazo lo gestiona almacén y no es de esta lección: es una puerta del checklist de pedido y entrega. - El reloj de la obra. Cuántos días de trabajo y cuántas personas. Depende de quién ejecuta y del tamaño de la obra. - El reloj del secado. Cuánto tiempo pasa entre manos y cuánto antes de poder usar la superficie. Sale de la ficha del producto y es el que más se olvida: una pared puede estar seca al tacto y no estar lista. El error clásico es poner los tres en la misma columna y prometer una fecha que solo tiene en cuenta el primero. Y hay dos plazos que no son de la obra pero la condicionan: la disponibilidad de la vivienda —no se puede pintar si no hay nadie que abra la puerta ni donde dormir esas noches— y el momento del año —una pared exterior en agosto y la misma pared en diciembre no se secan igual—. La ficha técnica indica las condiciones de aplicación; el calendario del cliente y el momento del año son datos del caso, no del producto. La regla es: el plazo se escribe como una fecha y una condición, no como un adjetivo. «Para las vacaciones» se traduce a «pintado del 8 al 12 de julio; el espacio vuelve a usarse el 15». Si esa fecha no se puede comprometer, se escribe qué depende de ella y quién avisa.

El cliente pide que la habitación esté pintada y lista para dormir la noche del día 20. Ese dato, tal como está, ya es un requisito técnico de plazos completo.
8 · El ambiente
El ambiente es el requisito que más se da por supuesto, casi siempre porque «es una casa» y eso no dice nada. El ambiente es para qué se usa el espacio y en qué condiciones se trabaja. El uso condiciona la elección del producto y no lo deja libre: un baño y un dormitorio no se resuelven con lo mismo; una terraza y un interior tampoco; un local con público y una vivienda tienen exigencias distintas. Y el uso también cambia el acabado esperado y los plazos: una habitación infantil se puede pintar con la niña en la casa de al lado; un cuarto de baño, no. Las condiciones son el otro lado: temperatura, humedad, ventilación, polvo y exposición. No son detalles: la ficha técnica dice en qué condiciones se aplica el producto, y si el sitio no las cumple, el resultado no es el esperado aunque la pintura sea la correcta. Y hay un uso que casi no se pregunta y que cambia el resto de la obra: cuándo se vuelve a usar el espacio. Una habitación que se pinta un lunes y se ocupa esa misma noche es una habitación que se acaba de estropear. Y un espacio con humedad se seca más despacio; un espacio con sol directo, más. La pregunta que abre el bloque es una sola y funciona: «¿Para qué se va a usar el espacio, y se podrá usar mientras se seca?» Con la respuesta, el ambiente deja de ser una etiqueta y pasa a ser un requisito. Y un límite que conviene tener presente: el ambiente es el dato del caso; el producto y sus prestaciones tienen su propia lección, «Entender familias y prestaciones», donde se ordenan las familias por la prestación que dan.

El ambiente se pregunta por el del espacio (dormitorio, baño, exterior, local con público), por las condiciones de , de y de del lugar de trabajo, y por si el espacio se puede mientras se seca.
9 · Quién ejecuta
La última pregunta es la que más se pospone y la que más consecuencias tiene: quién pinta. No es un detalle administrativo: cambia qué se puede prometer y qué se responde. Hay tres situaciones distintas, y no son la misma: - El cliente pinta con material comprado por él. La empresa vende el producto y responde del producto. No responde del acabado, del plazo de la obra ni del resultado final. Los requisitos que hay que recoger son otros: qué material compra, si es el mismo para todo y si asume que puede pintar. - El cliente pinta con material de la tienda, pero lo pinta otro —un familiar, un aplicador externo—. Entonces el material es nuestro y la obra no: hay que dejar claro quién paga el material, quién lo aplica y qué se le puede exigir a cada uno. - La empresa ejecuta la obra. Entonces sí hay plazo de obra y hay un resultado que se puede comprometer. Pero el alcance de ese compromiso —qué se garantiza, durante cuánto tiempo y qué cubre— no está decidido, y por eso es una decisión pendiente de dirección. En los tres casos hay una misma pregunta que hay que escribir: quién responde si el acabado no cumple lo acordado. Si nadie lo asume, aparece por arte de magia el día que la pared no sale como se esperaba. Y un detalle que afecta a lo que se puede prometer: si el material es del cliente, la empresa no puede garantizar el resultado de la obra, aunque el cliente lo pida; y si el material es nuestro, hay que dejar por escrito qué se asume y qué no. La garantía de la empresa y el alcance del servicio de aplicación están pendientes de confirmar. La consecuencia práctica para el resto de la lección: cuando quien ejecuta no es la empresa, varios requisitos dejan de poder cerrarse en el mostrador —el plazo de obra, el acabado esperado, el resultado— y pasan a ser datos que se le preguntan al cliente. No es un límite de la lección: es la diferencia entre comprometer una cosa y yo misma.

El cliente dice: «Lo pinta mi marido, con la pintura que compre él en la tienda». ¿Qué es lo correcto?
10 · El registro de requisitos
Un requisito que solo vive en la cabeza de quien atendió al cliente se pierde en cuanto cambia el turno. Por eso, después de recorrer los seis bloques, la información se escribe: una fila por bloque de requisito, y en cada fila, de dónde sale cada dato. Una fila tiene cuatro celdas y ninguna se rellena de memoria: - Lo que ha dicho el cliente (D). Con sus palabras, entrecomillado. Se le devuelve para que lo confirme. - Lo que consta (F). El dato que viene de la ficha del producto: rendimiento, manos, secado, condiciones. - Lo que falta o lo que se ha supuesto (P o S). Escrito como pendiente, con su destinatario, o como supuesto, con su motivo. - Quién lo cierra y cuándo. El nombre o la función de quien lo confirma y la fecha. Y una fila que no puede faltar: la de confirmación. El registro termina con lo que dijo el cliente al leerlo —«sí, es eso»— y con la fecha. Sin esa fila, el registro es un borrador, aunque esté lleno de datos. El orden de las filas no es caprichoso: el soporte y el acabado condicionan la cantidad; la cantidad y el secado condicionan el plazo; el plazo y el ambiente condicionan la fecha que se puede comprometer. Por eso el registro se rellena en ese orden y no por donde va perdiendo el cliente. Y hay una ventaja práctica que no se ve hasta que se usa: el registro convierte una conversación en algo que otra persona puede usar. Almacén ve las manos y el formato, dirección técnica ve el soporte, el aplicador ve el acabado y la ocupación. Sin registro, cada uno tiene que volver a preguntar al cliente.

Cada frase va a su bloque de requisito. Clasifícalas.
Soporte y acabado
Cantidad y rendimiento
Plazos
Ambiente y ejecución
11 · El método, paso a paso
El método completo cabe en seis pasos, y su orden importa tanto como su contenido. 1. Separar. Escribe en una frase qué pide el cliente, con sus palabras y sin añadir nada. «Quiere pintar el salón.» 2. Recorrer los seis bloques. Anota cada dato y su origen: D, F, S o P. No tapes los huecos: déjalos visibles. 3. Preguntar solo por los huecos. Se pregunta por lo que está en P y por los S que cambian algo. Se pregunta poco y bien: una pregunta por dato. 4. Traducir a datos. Cada respuesta se convierte en algo medible: metros cuadrados, manos, fechas, acabados, condiciones. 5. Devolver el registro. Se lee al cliente, con sus palabras, y se le pide la confirmación explícita de los supuestos y de las fechas. 6. Archivar. Se guarda con quién lo confirmó y cuándo. Un requisito sin confirmar por escrito sigue siendo un requisito abierto. Los pasos tres y cinco son los que se saltan, y son los dos que importan: el primero rellena los huecos y el segundo evita que los rellenes tú sin que el cliente lo sepa. Y una regla de velocidad que conviene tener escrita: no se avanza al paso siguiente con un hueco abierto que pueda cambiar el resultado. Se anota el hueco, se pregunta y, mientras llega la respuesta, se sigue con lo que no depende de él. Preguntar por todo a la vez agota; no preguntar nada deja el supuesto en silencio.
«Quiero pintar el salón», convertido en requisitos
- «Quiere pintar el salón.» Se escribe tal cual, sin añadir nada. (Supuesto didáctico.)
Ordena los pasos del método en el orden en que se hacen.
12 · Los errores que se pagan solos
Los errores de este puesto se repiten porque se repiten las condiciones que los producen. Estos seis son los más caros, y ninguno es difícil de evitar: por eso se repiten. - Dar por supuesto el soporte. «Una pared es una pared.» Se elige producto y acabado sin saber qué hay debajo. - Confundir el suelo con el paramento. Se calculan los metros de suelo y se pinta mucho menos de lo que hay. - Confundir los dos acabados. «Mate» resuelve el brillo del producto y no dice nada de cómo debe quedar la pared. - Calcular sin merma. La merma no es un adorno del cálculo: sin ella, la falta de material aparece a mitad de obra. - Escribir un deseo como un plazo. «Para las vacaciones» no es una fecha, y una fecha mal puesta se rompe sola. - No dejar escrito quién ejecuta. Nadie asume el resultado y, cuando algo no cuadra, nadie sabe a quién preguntar. Todas tienen un mismo patrón: rellenan un hueco sin escribirlo. Por eso el primer movimiento del método no es una frase de cortesía: es separar, y el segundo es marcar el origen de cada dato. Y hay un último error, el más discreto, que no es un error de cálculo sino de actitud: aceptar el trabajo sin dejar nada escrito. Se cierra la venta, el cliente se va contento y tres semanas después hay una pared que no es la que se había pedido y nadie sabe qué se había dicho. Ese error no lo arregla ninguna ficha técnica.

Seis frases de un registro de requisitos. Marca las que no se sostienen.
- «El salón mide 20 m² de paramento y se pinta en dos manos.»
- «El suelo mide 20 m², así que calculo sobre 20 m² de paramento.»
- «Quiere que no se note el gotelé, así que el acabado va en mate.»
- «El acabado que quiere es que no se note el gotelé.»
- «Lo pinta su cuñado con el material que compre él en la tienda.»
- «El paramento está en buen estado, no hace falta mirar nada.»
Identifica la linea con error.
13 · Lo que esta lección no decide
Esta lección da un método y deja fuera todo lo que depende de la empresa. No decide qué merma se aplica por defecto en el cálculo de cantidad. No decide qué formatos de envase se consideran equivalentes al servir los litros calculados. No decide qué plazo se compromete al responder a una solicitud de requisitos. No decide qué garantía ofrece la empresa cuando ejecuta la obra, ni qué responsabilidad asume cuando el cliente pinta con material propio. No decide quién valida el registro de requisitos ni qué se hace con un requisito que sigue pendiente. No decide si el cliente puede modificar un requisito ya confirmado. Todo eso queda en la lista de pendientes y lo confirma dirección. Mientras no esté confirmado, la conducta es la prudente: se calcula con supuestos declarados, se escriben las fechas como fechas y no se promete lo que depende de un acuerdo que todavía no existe. Y hay una frontera de esta lección que conviene tener presente. La referencia y el color exacto del producto, su base y su formato tienen su propio recorrido, en las puertas del checklist de pedido y entrega; el precio y las condiciones comerciales tienen el suyo; y el porte y la entrega también. Esta lección no los sustituye: da por supuesto que se resolverán por su vía, porque un trabajo se puede medir y presupuestar sin ellos, siempre que no se mezclen. Por último, la advertencia de rigor: esta evaluación acredita el conocimiento del método. Saber distinguir un requisito que falta de uno que se supone, y escribir el origen de cada dato, se demuestra aquí. Medir una pared, negociar un acabado con un cliente y decidir si un gotelé se tapa se demuestra en la obra, con alguien delante.
- La merma por defecto en el cálculo de cantidad y quién la autoriza.
- Los formatos de envase equivalentes entre sí al servir los litros calculados.
- El plazo de respuesta a una solicitud de requisitos y con qué horquilla se comunica.
- La garantía cuando la empresa ejecuta la obra y la responsabilidad cuando no la ejecuta.
- Quién valida el registro de requisitos y qué se hace con lo que sigue pendiente.
- Si un requisito confirmado puede cambiarse y hasta cuándo.
¿Cuál de estos datos NO es un requisito técnico de la obra?
Herramienta de trabajo: registro de requisitos
Se abre en cuanto el cliente pide algo y se rellena por filas: una por cada bloque de requisito. La columna de ejemplo es ficticia y sirve para ver el nivel de detalle; no son datos de Pinturas Especializadas. Los campos definitivos dependen del procedimiento que confirme dirección.
| Fila | Lo que ha dicho el cliente (D) | Lo que consta (F) | Supuesto (S) o pendiente (P) | Quién lo cierra y cuándo |
|---|---|---|---|---|
| Soporte y estado | «Es una pared de yeso con gotelé» | El producto elegido es de uso interior | P: no se ha comprobado la humedad | Aplicador, en la visita |
| Acabado del paramento | «Que no se note el gotelé» | — | P: hay que decidir si se alisa | Dirección técnica |
| Cantidad y rendimiento | «Unos veinte metros» | 8 m²/L y dos manos (ficha) | S: los metros son de suelo | El cliente, antes de calcular |
| Plazos | «Antes de las vacaciones» | Secado entre manos (ficha) | P: días de obra y fecha de uso | Dirección, al confirmar el pedido |
| Ambiente | «Es para una niña pequeña» | Condiciones de aplicación (ficha) | P: si se ocupa mientras se seca | El cliente |
| Quién ejecuta | «Lo pinta mi marido» | — | P: con qué material y quién responde | El cliente |
| Confirmación | «Sí, es eso» | — | — | El cliente, con la fecha |
- Una fila por bloque de requisito. Si falta una fila, ese requisito no está cerrado.
- Ninguna celda se rellena de memoria: cada dato lleva su marca (D, F, S o P) y su origen.
- Un supuesto que cambia el resultado —merma, gotelé, metros— se confirma por escrito antes de cerrar.
- La última línea no se borra nunca: si nadie confirma, el registro sigue abierto.
Repaso activo
Memoria: los seis bloques
| Termino | Definicion |
|---|---|
Tarjetas de los requisitos
Chequeo: convertir una solicitud en requisitos
Se requiere 70% de aciertos para avanzar.
Para dominar este tema
Convertir una solicitud en requisitos no es adivinar ni rellenar huecos: es preguntar con método. «Quiero pintar el salón» no es un encargo, es una frase con seis huecos, y los huecos son siempre los mismos: soporte y estado, acabado del paramento, cantidad y rendimiento, plazos, ambiente y quién ejecuta. La distinción que ordena todo es la del hueco que falta y el hueco que se supone. El primero se ve y se pregunta. El segundo lo has rellenado tú, con una decisión razonable que nadie ha revisado, y es el que se paga en obra. La regla es simple: un requisito que falta se pregunta; un requisito que se supone se escribe como supuesto. Y cada dato lleva su origen: Dicho por el cliente, Fde ficha, Supuesto o Pendiente. Solo D y F cierran un requisito; S y P son requisitos abiertos, con su motivo y con su destinatario. La cantidad se calcula con un orden fijo —superficie por manos, dividido por el rendimiento de la ficha, más una merma declarada— y se traduce a los botes que hay. El acabado del paramento no es el brillo del producto: es cómo tiene que quedar la pared, y decidirlo puede cambiar la superficie, la cantidad y el plazo. Los plazos son tres relojes —material, obra y secado— y se escriben como fechas con su condición, nunca como deseos. Y el ambiente son el uso del espacio, sus condiciones y si se puede ocupar mientras se seca. Todo ello termina en un registro por filas, con una fila por bloque, el origen de cada dato y una última línea de confirmación con la fecha. Ese registro es lo que permite que otra persona siga el trabajo sin volver a preguntar al cliente. Y lo que no se decide aquí está explícitamente pendiente: la merma por defecto, los formatos equivalentes, el plazo de respuesta, la garantía y el alcance del servicio de aplicación, quién valida el registro y si un requisito confirmado puede cambiarse. Esta lección no los inventa. La evaluación online acredita el conocimiento del método: medir una pared, negociar un acabado y decidir si un gotelé se tapa se demuestra en la obra, con alguien delante.
- UNE-EN ISO 9001:2015, Sistemas de gestión de la calidad. Requisitos (AENOR/UNE, consulta 2026-10): referencia para la idea de revisar los requisitos del cliente antes de comprometer la entrega; esta lección no reproduce sus requisitos ni los convierte en procedimiento de la empresa.
- Real Decreto Legislativo 1/2007, por el que se aprueba el Texto Refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios (BOE, consulta 2026-10): marco general de consumo; esta lección no interpreta derechos, plazos ni importes.
- Fichas técnicas y fichas de datos de seguridad de los fabricantes del catálogo (Jotun, AkzoNobel/Sikkens, PPG y otros): fuente del rendimiento en m²/L, del número de manos, del tiempo de secado y de las condiciones de aplicación que usa esta lección (consulta 2026-10); la ficha vigente de cada producto prevalece sobre cualquier resumen interno.
- Reglamento (UE) 2016/679 (RGPD) y Ley Orgánica 3/2018 (LOPDGDD): el registro de requisitos contiene datos del cliente —nombre, teléfono, dirección de la vivienda— y su tratamiento debe limitarse a lo necesario para resolver la solicitud (DOUE/BOE/AEPD, consulta 2026-10); esta lección no interpreta la base jurídica ni los plazos de conservación.